
La primera vez que esta palabra vino a mis sentidos fué cuando el gobierno de mi País decidió tirar a la calle cerca de 30,000 empleados públicos, dejarlos sin empleo, sin nada, sin opciones. Entonces todos los medios posibles comenzaron a utilizar y a exhortar a la comunidad a reinventarse. Leí varias historias de como mujeres, hombres, madres y padres de familia, jóvenes y no tan jóvenes comenzaron su búsqueda desesperada hacia un camino que los llevara por el bien de la vía económica, que era lo que urgía en ese momento. Fueron días muy tristes y desoladores, muchos de mis compañeros de trabajo y amigos se quedaron en la calle. Leer algunas historias de éxito se convirtió en una especie de obsesión para mí porque necesitaba saber que todo a mi alrededor "tendría un final feliz". Para muchas personas así fué y esto me llenaba de esperanzas en un momento de gran crisis, su inicio, cuando todo era un caos (ahora no es muy diferente, pero nos atenemos a las consecuencias). Para otras, la reinvención fué delinquir.
Todo en el País se disparó de manera negativa y desproporcionada. Ahora, nada funciona y la violencia es quien manda y dirige nuestras calles. Ahora es sálvese el que pueda, si puede. El deterioro es grave y a mi muy pesar creo que no hay marcha atrás.
Reinventarse se convirtió en la palabra de moda, a tal punto que me harté de escucharla. Así fué como dentro de todo ese marasmo de pensamientos y emociones volví a abrir mi tienda en Etsy, indecisa y confusa, por poco la cerraba por segunda ocasión. Sin embargo opté por dejarla, opté por la reinvención de un proyecto en desuso, opté por buscar mi final feliz o al menos no dejarme vencer por las circunstancias. En ese momento la palabra reinvención no tenía mucho significado para mí.
La segunda vez que esta palabra llegó a mí fué hace unos días cuando leí en el blog de una
amiga un escrito de la escritora Rosa Montero sobre la mudanza y su efecto. En esta ocasión tampoco le presté mucha atención pero su repicar en mi cabeza continuó y después de pensarlo no una sino varias veces introspecté sobre esta acción y palabra. Claro una le dá el interés que desee. Y las cosas se toman dependiendo de quien venga. Primero pensé , una vez más anular mis propios pensamientos y no escribir mi parecer sobre esto. Pero si quiero aprender a expresar lo que siento debo hacerlo con la honestidad y claridad que busco, quiero y tengo.
Y me fuí en un viaje interno de lo que son mis días tanto en las afueras de mí como en mis interiores. Y haber leído el segundo escrito que publicara en su blog la amiga
Yarisa, en donde la escritora Rosa Montero hablara sobre varias cosas en una entrevista, fuí haciendo un recorrido pausado y sin pretensiones de mis ejercicios de creer o no creer en esto o aquello.
Pasearme en las memorias de mis días me dejó la claridad y el amor de que sí creo en la reinveción y creo en la alegría y en los pensamientos positivos y en el amor en todas sus formas y en la honestidad sobre todas las cosas. Los "finales felices" te llenan de esperanzas pero tampoco me engaño. La vida es muy dura, como dice la escritora y una llega a pensar que no hay reinvención posible. Eso también es honesto, porque las sombras nos habitan de igual a igual que la luz y no siempre tenemos el "positivismo en high".
Llegué a la conclusión de que me reinvento todos los días sin proponérmelo, porque cada día es un nuevo comienzo. Que arrastramos las memorias del día anterior, sí porque la memoria nos reviste y nos viste. He sido feliz pero también infeliz y he buscado la luz y buscado las opciones pero no siempre el destino está a tu favor. Sé cuando he perdido y pierdo de vista cuando he ganado.
Reinventarse es más que una acción de los "positivistas" es una lección profunda de los caminos que se andan en la vida, en mi vida. Y sobre todas las cosas aprender es el objetivo primario para mí, porque me dá las energías y las herramientas. Aprender es renovarse, añadirse y no quitarse. A algunas palabras no las tomo en serio porque soy incrédula, realista y cínica.
Los pasos que ando, que suelen ser muy lentos, porque no tengo la dicha de ser autosuficiente económicamente ni rica, ni bienaventurada en fama, me han llevado por aprendizajes que me han hecho mas fuerte, menos creída en algunas cosas y mas seria en otras. De vez en cuando fantaseo con muchas cosas, de vez en cuando me tomo el pelo a mí misma pensando que puedo soñar, de vez en cuando vuelvo a ser la mujer ingenua y pienso que la gente es buena y merece oportunidades. Entonces me doy en la cara bien duro, me doy en el corazón bien duro, me doy en el orgullo propio bien duro y veo la realidad.
Y a pesar de todo ello, al final del día, recojo mis mocos y mis lágrimas, y las empaco para no verlas. Me siento en la silla cagada de pájaros, mirando las hojas que se me cuelan por las pupilas, escuchando el inmenso sonido del silencio, improviso un pedazo de papel y tinta y comienzo a liberar las amarguras. Me repito como oración meditativa que mi afán es aprender y hacer cosas pequeñas, desde ese pedazo de mesa, desde los apretados sueños económicos, desde la tristeza que me invade, desde el hambre por hacer cosas, desde la soledad ifinita, desde el poema inconcluso, desde la rabia ancestral, desde el miedo, desde el complejo, desde la dureza, desde el amor, desde mi íntimo espacio, desde el dolor, desde el aire que me habita allí en secreto de verdad me reinvento.